No es nada inusual que haya directores de los que no pueda rescatarse ni una sola de sus cintas aunque su trayectoria como realizador cinematográfico sea extensa. Sin embargo, y como veremos a continuación, otros pocos no necesitan nada más que una película para demostrar su talento tras la cámara. Exponemos seguidamente algunos de estos grandes directores cuya filmografía está compuesta únicamente por su “opera prima”.

El primer ejemplo que citamos es el de Curzio Malaparte, pseudónimo de Kurt Erich Suckert, periodista, dramaturgo, escritor de relatos cortos, novelista y diplomático italiano, quien en 1950 dirigió (también escribiría el guión y la música del filme) la película El Cristo prohibido (Il Cristo proibito). Cinta de filiación neorrealista muy interesante ambientada en la posguerra italiana (retomaría así una historia en torno a la Segunda Guerra Mundial como en dos de sus novelas más significativas “Kaputt” y “La piel”), que no gozó del favor del público, pero que le reportó un moderado éxito. No se estrenaría en España hasta 1984.
Sin duda el caso más conocido es el de Charles Laughton, el gran actor y director de cine y teatro nacido en el Reino Unido y nacionalizado estadounidense, que dirigió en 1955
La Noche del cazador (
The night of the hunter), película considerada en la actualidad como una indiscutible obra maestra. Siniestro y cautivador cuento de hadas, en el que destacan la asombrosa capacidad de Laughton para crear imágenes inolvidables y la sobrecogedora actuación de Robert Mitchum. La película, sin embargo, fue totalmente incomprendida por la crítica de la época y apenas duró unas semanas en cartel (debido a este escaso éxito Laughton no volvería a dirigir más). No será hasta los años ochenta del pasado siglo, coincidiendo con su reestreno, cuando se descubriese para el gran público una de las películas más originales y fascinantes de la historia del cine.
Otro gran actor metido a director fue Marlon Brando, quien destacó tanto en cine como en teatro y que se convertiría en el discípulo más relevante del Actors Studio. En 1961 dirigió
El rostro impenetrable (
One Eyed Jacks), western de traiciones y venganzas que iba a ser dirigida por Stanley Kubrick (éste pidió la rescisión del contrato por desavenencias con Brando), singular y muy interesante, de gran belleza visual, con magníficas secuencias fotográficas (es uno de los pocos westerns en los que se puede contemplar la playa y el mar) y con escenas de gran intensidad, en especial aquellas en que intervienen Brando y Malden, aunque quizás algo narcisista y complaciente con los actores. Fue recibida con división de opiniones entre los críticos y alcanzó un éxito moderado entre el público, pero terminarla llevó tanto tiempo que acabó costando el triple del presupuesto original, lo que cortó la posible carrera como director de Brando.

Quizás el ejemplo más curioso sea el de Leonard Kastle, compositor de ópera y libretista estadounidense, es más conocido por ser quien escribió y dirigió Los asesinos de luna de miel (The Honeymoon Killers). Película del año 1970, basada en un hecho real acaecido en los años cincuenta, que obtuvo muy buenas críticas en su momento y se ha convertido en una película de culto.
El último de los directores que citamos es Dalton Trumbo, novelista, guionista (firmó, por ejemplo, los guiones de “Papillon” o “Espartaco”) y director de cine estadounidense perseguido por el macarthismo (fue uno de los Diez de Hollywood), quien adaptó a la gran pantalla en 1971 su novela Johnny cogió su fusil (Johnny Got His Gun). Película feroz y desasosegante que es todo un canto en favor de la eutanasia.